CRÓNICA DE PARTICIPACIÓN EN EL MARATÓ N DE HOUSTON,TEXAS.

 

Domingo 17-Enero-10

inicio: 7.10 AM

Centro de Convenciones George R. Brown

 

¡Qué enigmática es la naturaleza! entristece a esta Ciudad Espacial con un viernes 15 con viento, niebla, lluvia chipi-chipi, frío, nublado, que nos quita las ganas de correr, pero nos alegra con un domingo 17 fresquito, sol tímido, condiciones ideales para saborear este maratón tejano, que agotó sus inscripciones a 48 horas de abrirlas.

La extensísima ciudad de Houston se abre ante nosotros para recorrer su asfalto y

ofrecernos, por 5ª. ocasión, la grata oportunidad de sudar y jadear por sus avenidas.

Con toda puntualidad,  en plena avenida Crawford, en medio de la majestuosidad urbana que representa el estadio de béisbol Minute Maid adelante, el Centro Brown a la derecha y el centro de espectáculos Toyota atrás,  “El Chaparro Biggio” (así lo conocíamos desde 1992) ex-astro de los Astros de beisbol, nativo y residente de Houston da el disparo de salida y salimos en la tanda de los azules no rápidos, porque los rojos rápidos se fueron en la primera tanda 10 minutos antes.   

Como toda ciudad maratonera, Houston ofrece a los corredores un recorrido que integra lo mejor de su localidad en urbanidad, modernidad, arquitectura, sitios históricos, cen-tros culturales, áreas verdes, y así se nos van las primeras cuatro millas recorriendo sus “neighborhoods”, los vecindarios Elysian, Quilmes y White Oak que son de los más antiguos de la ciudad, con la clásica casa del ambiente texano: techo de dos aguas, revestimiento de madera o ladrillo, buzón de correo al frente y jardín a las puertas. Ahì recibimos el aliento de las primeras porras al ritmo de su entendible  “loocking good!”

de parte de un vecindario alegre y participativo.

De la milla 5 a la 9 nos vamos por un vecindario que se distingue de un nivel mayor:

Studemont y Montrose que nos surten de conjuntos musicales: bandas, grupos de rock, vecinos juntos haciendo la ola al paso de los corredores manifestando un domingo festivo, buen humor y ganas de demostrar su júbilo por el paso del maratón por sus

amplias y arboladas avenidas (en mi opinión, Houston es una de las ciudades más arboladas del mundo, a pesar de su terreno llano y carente de montañas).

El tramo de la milla 10 a la 12 nos lleva por Avenida Main (¿habrá una ciudad nortea- mericana donde no haya una avenida Main) y nos introduce por el bello campo verde Hermann, sus afamados y prestigiados centros médicos,  la elegancia de las instalacio- nes del Museum District y, sobre todo, por  Rice University y sus amplios campus (en mi època estudiantil, dècadas de los 60s. Rice era uno de los sueños imposibles. 50 años despuès cuando menos me doy el lujo de trotar por su orillita. Iguales homenajes tuve en Boston para Harvard,  en Madrid para la Complutense, en Paris para La Sorbona y en Londres para Oxford).

Y llegamos al medio maratón, milla 13, por avenida University donde el vecindario, además de comunicarnos su alegría y buen ambiente, demuestra su sentido festivo con la puesta de su bandera nacional en astas colocadas en los jardines de sus casas que corresponden los corredores que, mayoritaria y natural- mente  son norteamericanos, con actitud de respeto y cortesía. Seguimos por Ave. Weslayan donde el sol se hace grato, en mañana fresca y bellas, güeras corredoras de todas edades a los lados. Milla 15.

En corto horizonte se perfila un imponente conjunto urbano al que llegaremos inmediato que es Galleria Area (milla 16) que, por lo pronto, nos alegra con nombres de sus sectores en español: Hidalgo, San Felipe. Es toda un área de tiendas elegantes y edificios de corporativos que retan al espacio para acomodarse. Entre ellos destaca el Edificio Williams por su belleza arquitectónica. Este desarrollo, de acuerdo a su distancia del Downtown o su centro urbano imaginamos que es un centro alterno de negocios como lo es Valle Oriente para Monterrey, o Santa Fe para Cd. de México o Le Defense para Paris. Se necesitan días enteros para conocer todo esta parte de Houston.

Y continuando llegamos a una avenida típicamente norteamericana: Tanglewood (milla 18) que se caracteriza por su anchura, camellòn en medio con palapas al aire libre y vitapista al centro, los vecinos sentados en sus mece- doras y el arbolado diseñado para que  sus ramas se abracen de lado a lado proveyendo  un sombreado de ensueño. Con las debidas proporciones guardadas, evoca a nuestra Calzada del Valle en San Pedro

En la milla 19 se encuentra el ex-presidente George Bush, padre, sentado en plena ruta y saludando a los corredores quienes, sorpre- sivamente por lo que representa, pueden acercarse a saludarlo y fotografiarse con el sin interrupciones de seguridad. Y entrados en carrera llegamos al Memorial Park (millas 20 à 22), donde no hay límite para las áreas verdes, miles de miles de árboles, jardines bien cuidados y brillando de limpios, familias enteras disfrutando del domingo fresco con sol agradable, después de días de frío intenso, el lugar ideal para todo corredor.

Salimos del Memorial Park y se vislumbra el final cercano pues la Ave. Allen (millas 23 a 25) nos llevará por la orilla de un río, cuyo nombre debo, y que forma una larga arteria curveada que circunda la fuente Marham muy hermosa, dos panteones del más

puro estilo norteamericano de lápidas brillantes Glenwood y Washington, rodeando el City Hall o Alcaldía (por cierto, tuve oportunidad de saludar a la Alcaldesa Annise Parker, ya que saludó de mano a los primeros en llegar por el número el viernes 15 a las 11 AM. en la Expo y yo fui el cuarto participante en entrar y tener ese honor. Muy guapa señora), y llegando, por fin a la Ave. Rusa donde está la milla 26 y las .2 millas

adelante en el Centro Brown. Muy grato el ambiente de llegada, pronunciando el locutor, en perfecto español, tu nombre y tu lugar de origen. Culminè mi maratón No.

168 con un tiempo, para presumirlo únicamente entre los que me deban, de 5.40.

 

OBSERVACIONES: Organización, protección, seguridad, abastecimiento (con cerveza en la milla 25), medición de ruta,  medalla, tarro, playera finalista, comida caliente, re- frescos, guardaropa, sanitarios, publicación de resultados,  en fin, todo de primera mag- nitud.  Lo que extraña y no comprendo es a los participantes que no recogen su número si este maratón agotó 8510 inscripciones pagadas en 48 horas, hubo 1,840 números que no iniciaron.

 

CURIOSIDADES: ¡Qué bonita es la gorra! Bien se dice que no hay regiomontano bueno si no tiene parientes pasaporteados, y yo cumplo con dicho requisito. Mis sobrinos pasaporteados tuvieron la osadía de invitarme en su regreso del Programa Paisano a Houston, de tal manera que pasajes, hospedaje, alimentos y paseos, estuvieron de “grapa”, de “oquis”, de “violín”, ya que no me dejaron pagar nada ¡El Paraíso en la Tierra!....Houston es ciudad incómoda si no tienes a tu disposición automóvil ya que no es ciudad para caminarse; sus freeway, carretera interestatales (10, 45, 610) y conse- cuentes distribuidores viales, que conceptuaríamos como libramientos, son calles normales y congestionadas  sin ser horas pico…en visita a la NASA supe que los astronautas practican maratón dentro de sus entrenamientos, incluso uno de ellos probó un traje espacial subiendo el Everest…Bravo por Monterrey y Torreón que no han sucumbido a la mezcla de distancias menores en su maratón. En Houston participaron 13,500 en medio maratón, 4,500 en 5K. y 8,500 en maratón.

 

Un maratón con todo para ser perfecto y que para los regios constituye uno de los que están a la mano, ya que no necesitas más que el fin de semana para realizarlo, claro, aparte de tu visa gringa, permiso múltiple y pasaporte mexicano. Ojalà y haya oportunidad de regresar el año entrante.